La rehabilitación de edificios antiguos plantea una serie de decisiones técnicas que pueden determinar el éxito o el fracaso de la intervención. Una de las más importantes —y a menudo mal entendida— es la elección del tipo de revoco a emplear en los muros. Cuando se trata de construcciones tradicionales, especialmente en zonas como Mallorca donde el marés y la piedra seca son frecuentes, la elección entre revoco de cal o revoco de cemento tiene implicaciones directas sobre la durabilidad, la salud del edificio y el confort interior.
Aunque a simple vista puedan parecer similares, cal y cemento son materiales con comportamientos completamente distintos. Aplicarlos sin tener en cuenta la naturaleza del soporte o el sistema constructivo puede provocar daños irreversibles, especialmente en muros antiguos que requieren respiración, flexibilidad y compatibilidad química.
En esta entrada exploramos en profundidad las diferencias fundamentales entre ambos tipos de revoco, su comportamiento en rehabilitación y por qué la cal sigue siendo, en la mayoría de casos, la opción más adecuada para restaurar y conservar.
El contexto constructivo: muros antiguos que respiran
Los muros de las viviendas tradicionales no funcionan como las paredes de obra nueva. No están compuestos por bloques cerámicos y aislamientos industriales, sino por materiales vivos: piedra, tierra, marés, morteros de cal, madera… Estos muros gruesos no solo soportan cargas, también regulan la humedad, la temperatura y el aire interior a través de un fenómeno físico conocido como higroscopicidad.
Durante siglos, los edificios se construyeron con soluciones técnicas que hoy llamaríamos bioclimáticas. Los revocos y enfoscados eran parte de ese sistema: permitían que el muro absorbiera y expulsara humedad, protegían contra la erosión y se adaptaban a los movimientos estructurales con flexibilidad natural.
Cuando estos sistemas se sustituyen por productos incompatibles, como el cemento Portland o pinturas plásticas, se rompe ese equilibrio. El muro ya no puede respirar, la humedad queda atrapada en su interior, aparecen grietas por tensión interna y se aceleran los procesos de degradación. Por eso, rehabilitar con los materiales adecuados no es una cuestión estética, sino funcional y de conservación del patrimonio.
¿Qué es el revoco de cal y cómo funciona?
El revoco de cal es un revestimiento continuo formado por una mezcla de cal aérea o cal hidráulica, áridos (como arena de río) y agua. En su versión tradicional, puede llevar también fibras naturales o aditivos orgánicos como caseína o albúmina de huevo, aunque hoy en día existen formulaciones modernas que respetan la química original con garantías técnicas.
La principal cualidad del revoco de cal es su transpirabilidad. A diferencia del cemento, la cal permite el paso del vapor de agua, lo que hace posible que el muro “se seque” hacia el exterior cuando acumula humedad del subsuelo, de la lluvia o de procesos internos. Esto es especialmente importante en zonas como Mallorca, donde muchas viviendas antiguas no cuentan con barreras antihumedad ni cámaras sanitarias.
Además, la cal tiene un comportamiento elástico natural. No es rígida ni genera tensiones internas al secar, por lo que se adapta mejor a movimientos diferenciales del soporte sin agrietarse. Esto es clave en muros de marés o mampostería, donde las dilataciones y asentamientos son frecuentes.
Otro aspecto a destacar es su compatibilidad química. La cal no reacciona agresivamente con otros materiales tradicionales ni con sales solubles presentes en los muros antiguos. Al contrario, ayuda a estabilizar y a preservar los sustratos naturales, a diferencia del cemento, que puede generar reacciones expansivas.
¿Y el cemento? ¿Por qué se utiliza tanto?
El cemento Portland se ha impuesto como solución rápida y económica en el sector de la construcción moderna. Sus ventajas son claras: fragua rápidamente, tiene gran resistencia mecánica, es fácil de encontrar y de aplicar. Sin embargo, estas propiedades son precisamente las que lo hacen problemático en rehabilitación de muros antiguos.
El cemento es un material muy denso, impermeable y rígido. Al aplicarse sobre un muro de marés, piedra o mortero de cal, impide la salida del vapor de agua. Esto provoca que la humedad se quede dentro del muro, acumulándose hasta que encuentra una vía de escape, normalmente en forma de manchas, eflorescencias salinas o desconchados.
Además, su rigidez genera tensiones estructurales en soportes que fueron pensados para funcionar de forma flexible. Esto deriva en fisuras, desprendimientos o incluso en procesos de descamación profunda, especialmente en muros antiguos que no fueron diseñados para soportar esa dureza superficial.
Otro riesgo es la incompatibilidad con las sales presentes en muchos muros. En zonas cercanas al mar o con aguas freáticas salinas, el uso de cemento puede acelerar la cristalización de sales en superficie, lo que genera manchas blancas, pérdida de material y disgregación interna del soporte.
Pese a estos inconvenientes, muchos profesionales no especializados siguen utilizando cemento por inercia o desconocimiento, sin tener en cuenta las particularidades del edificio ni del entorno. Por eso es tan importante contar con técnicos que conozcan bien la patología de la edificación y los principios de la arquitectura tradicional.
Consecuencias comunes de usar cemento en muros antiguos
En Mallorca es habitual encontrar viviendas antiguas que han sido revocadas con cemento durante reformas mal ejecutadas. A corto plazo, el resultado puede parecer sólido y estéticamente aceptable, pero con el tiempo empiezan a aparecer síntomas de incompatibilidad.
Uno de los más frecuentes es la aparición de humedad por capilaridad encapsulada. Como el muro no puede expulsar la humedad, esta sube por dentro hasta niveles superiores, dañando incluso zonas que antes estaban sanas.
También se observan desprendimientos masivos del revoco, especialmente cuando el soporte sufre cambios térmicos o estructurales. El cemento no acompaña al movimiento del muro, y termina rompiéndose en placas que se despegan.
Otro efecto indeseado es el deterioro del marés. Al no poder transpirar, la piedra se satura de humedad, lo que provoca su debilitamiento progresivo y la aparición de disgregación granular o arenización.
En resumen, el cemento actúa como una barrera, mientras que la cal actúa como un filtro inteligente. Por eso, cuando hablamos de conservar un edificio antiguo, la elección del revoco no es un detalle menor: es una decisión estructural.
Rehabilitar con sentido común (y con cal)
La cal no es solo una solución tradicional. Es también una tecnología sofisticada, capaz de adaptarse a los requerimientos actuales sin perder sus virtudes esenciales. Hoy existen revocos de cal preformulados que ofrecen mayor resistencia, durabilidad y facilidad de aplicación, manteniendo las propiedades originales de transpirabilidad y compatibilidad.
Además, los nuevos sistemas de aislamiento por el exterior (como SATE con revoco de cal) permiten combinar eficiencia energética con estética tradicional, algo especialmente importante en entornos protegidos o con restricciones urbanísticas.
Rehabilitar con cal no es simplemente “hacerlo como antes”, sino hacerlo bien: entendiendo cómo funciona el edificio, respetando su lógica constructiva y garantizando una intervención que dure décadas sin dañar su esencia.
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En Constructec trabajamos con una filosofía de intervención respetuosa, técnica y sostenible. Analizamos cada caso según sus condiciones reales y aplicamos revocos compatibles con el soporte, priorizando la cal como solución estructural y estética.
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